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"LA METODOLOGÍA EN LAS CLASES DE EXPRESIÓN CORPORAL"  

GALO SÁNCHEZ (*). Profesor Titular de Didáctica de la Expresión Corporal de la E.U. Magisterio de Zamora. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

INDICE

  1. INTRODUCCIÓN
  2. LA EXPRESIÓN CORPORAL EN LA EDUCACIÓN FÍSICA
  3. LA METODOLOGÍA DE LA EXPRESIÓN CORPORAL
  4. CONCLUSIONES
  5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.- INTRODUCCIÓN

Considero de gran importancia que en esta nueva convocatoria de las Jornadas Provinciales de Educación Física muy consolidadas, el tema central de debate sea el de la Expresión Corporal. Es para mí un honor enorme participar en ellas porque de este modo se nos brinda la oportunidad de seguir reflexionando y compartiendo ideas teóricas y prácticas sobre un tema que, por apasionante, se ha convertido para algunos de nosotros, en objeto central de nuestro trabajo y estudio.

Y sólo bajo esta perspectiva puede tener validez mi participación como ponente, puesto que, mirando atrás, comienzo a ver ya un tiempo importante de dedicación a la enseñanza de la expresión corporal dentro de la educación física y puede que sea esta experiencia la que tenga algún interés para vosotros.

En este sentido me gustaría adoptar una postura en cierto modo coloquial para un discurso que, tamizado por los años de práctica, comienza a ser más de decisiones personales que de planteamientos ajenos. Será por ello por lo que evitaré las citas de otros autores y me esforzaré en concentrar mi experiencia desde dentro del gimnasio para proponer algunas observaciones que podréis compartir en mayor o menor medida, pero que son fruto sincero de mi trabajo diario.

Mi itinerario en esta ponencia va a ir de lo general a lo particular, deteniéndome en los temas principales que afectan a la metodología, es decir, a mi manera de poner en acción la clase de expresión corporal.

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2.- LA EXPRESIÓN CORPORAL EN LA EDUCACIÓN FÍSICA

Considerando como inexcusable el tratamiento que ya todo docente de Educación Física debería de hacer en este campo (Expresión y Comunicación en primaria y Expresión Corporal en secundaria como evidentes bloques de contenido), y entendiendo que la formación del profesorado responde sobre todo al interés de cada persona por mejorar, creo que debemos partir de los siguientes puntos para estructurar mejor nuestro trayecto.

En primer lugar es preciso que las Escuelas Universitarias de Magisterio y las Facultades de Educación, así como los I.N.E.F.s, planteen una formación inicial de calidad y actualizada, donde los alumnos puedan no sólo entender meridianamente en qué consiste el trabajo de la expresión corporal en el aula, sino donde se pueda también investigar desde la acción para promover un constante desarrollo de las potencialidades de la asignatura. De hecho, cuando proponemos a nuestros alumnos ciertos trabajos de clase ya sea individuales o en grupo, estamos ejemplificando con ello una manera de entender la búsqueda en este campo. No se trata de trasladar una serie de conocimientos cerrados a modo de técnicas determinadas que el profesor domina, sino que los alumnos puedan intuir o acaso comprender los diversos caminos de acceso que se pueden proponer.

De hecho, el tiempo nos permite constatar que puede no ser tan importante encontrar una estructura cerrada y jerarquizada de temas de trabajo, como abordar todos o algunos moviéndonos más en el territorio de lo que nuestros alumnos están dispuestos a aprender con rigor y deseo.

En segundo lugar es preciso desbrozar el campo de trabajo para que podamos ver con más claridad cómo podemos movernos con soltura dentro de él. Así, por ejemplo, me gustaría mencionar que a lo largo de mi propia evolución he observado que le doy cada vez más importancia a la creación que los alumnos pueden hacer desde su nivel de interpretación y por tanto me intereso cada vez más por el término "creatividad", que encuentro que debe ser permanentemente compañero de las palabras "expresión" y "comunicación".

Y por eso, cuando le hemos dado tantas vueltas a las cuatro fases del aprendizaje propuestas por Patricia Stokoe (1986): investigación, expresión, creación y comunicación, nos parece ver que en ellas se encierra verdaderamente toda el entramado de interacciones necesarias para que el proceso de enseñanza/aprendizaje se lleve a cabo con un mínimo de garantías.

De modo que cuando un profesor se sitúa ante el reto de iniciar un trabajo consciente, pensado y sopesado de expresión corporal ya sea en la clase de educación física obligatoria, como en la optativa, debe de partir de un análisis previo de su equipaje mental. ¿Qué elementos se dan cita en su cabeza para plantear situaciones de trabajo?. Podríamos decir de antemano que todos nos vamos directamente por el camino de la complejidad. Se diría que necesitamos hacer las cosas complicadas para que resulten valiosas a nuestros ojos y a los demás. Sin embargo, las propuestas sencillas son, al menos inicialmente, las más clarificadoras y enriquecedoras. Porque ellas nos permiten arrancar con las ideas más claras y entender de forma lenta el lento discurrir del aprendizaje.

Para aquellos docentes que ya tienen cierta práctica en la dirección de sesiones de expresión, no es nuevo que muchos de los elementos de esa estructura se repiten y que tan sólo el punto de referencia desde donde nos situemos dará luz y sentido a aquello que pretendemos buscar. De hecho, después de un cierto tiempo, las sesiones de expresión corporal pueden tornarse reiterativas, sobre todo si se trabaja con grupos de clase a los que hay que repetir las propuestas. Por ello aquí toma su máximo sentido la importancia de discurrir muy pegados a la realidad de cada grupo-clase. Creo que en ningún otro bloque de contenido como en este pueden salir las cosas tan diferentes de unos grupos a otros. La dinámica interna del grupo generalmente se encarga de ello. Aquí más que en ningún otro contenido de la educación física se vive la dimensión grupal, se disfruta o se sufre de acuerdo con la red de interacciones que se dan entre los alumnos o los roles que cada uno de ellos representa dentro del colectivo.

No olvidemos que si algo caracteriza a la expresión corporal y le da carta de identidad respecto de otras partes de la educación física, es el fluir constante de sensaciones, de emociones, de estados de ánimo, puesto que aquí se vive el cuerpo y el movimiento de otra manera. Más difícil para algunos, con mayor vergüenza o inhibición, con temores o incluso con deseo de exhibicionismo, cada alumno/a toma postura sobre cómo ha de ser su papel en estas clases. Y todo ello marca también un territorio específico, de alta sensibilidad, donde el profesor necesita comprender los sucesivos climas que se van dando. Aprender a leer las imágenes que se muestran con el lenguaje no verbal, aprender a esperar, a escuchar los movimientos o el silencio, a saber intervenir cuándo y cómo , a reconducir situaciones, a apostillar con la palabra o a dejar al silencio hacer su función. ,…

Creo que la papeleta del profesor de expresión corporal es suficientemente importante como para trabajar por un modelo de docente observador (sumamente), que sabe esperar y es capaz de seguir el proceso de crecimiento (llamémosle aprendizaje) de sus alumnos. Que toma decisiones porque se fija en detalles de importancia y facilita el fluir contínuo de las energías que sus alumnos están dispuestos a derrochar en la práctica de la expresividad corporal de que son capaces.

Pero estas cosas las dice así un profesor que tiene la suerte de enseñar a alumnos a quienes se les supone una intención educativa por aprender aquellas artes que en el futuro le serán necesarias para sacar adelante su trabajo diario. ¿Es acaso lo mismo con alumnos cuyo interés por la actividad es casi nulo y su mayor ilusión pude estar más relacionada con un balón de fútbol que con el interés de las calidades de movimiento, por ejemplo?.

Ciertamente, en mi etapa de profesor de secundaria también sufrí el dasaliento al comprobar con dureza que todo aquello que para mí tenía interés y justificación, podía diluirse cuando se trataba de hacer propuestas de expresión a los alumnos. Naturalmente no es nada fácil crear un clima favorable para la actividad. Sin embargo es preciso crearlo y puede que las primeras etapas se tengan que centrar en estrategias favorecedoras (aeróbic, bailes con coreografías actuales, …) que permita en un futuro ir navegando con menores resistencias.

Consciente de la importancia que pueden tener estas sugerencias sobre todo para quien actualmente transita entre la decepción y la incertidumbre, daremos algunas ideas que pudieron servirme en su momento para superar el escollo de lo desconocido y luchar contra las resistencias de los alumnos que en ciertos casos, resultan ser los más conservadores de los agentes involucrados en la educación. Pero como es necesario probar las lentejas al menos una vez para poder decir con criterio si nos gustan o no, estamos seguros de que en intentarlo está la clave. Vamos a ello.

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3.- LA METODOLOGÍA DE LA EXPRESIÓN CORPORAL

Hablar de metodología es para mí rebuscar en los entresijos de las maneras de hacer. Del modo con que se dirige la sesión de clase, del cómo se orientan las actividades, se hacen las propuestas, se provoca un clima, se reconduce un itinerario, …

Hablar de metodología es primero confiar en que se tiene algo que plantear como proyecto de trabajo que permita aunar esfuerzos dentro del grupo para llegar a un resultado satisfactorio. Por eso creo que cada sesión debe tener el número de elementos suficiente como para ser una unidad significativa en sí misma; es decir, tener un arranque de motivación considerable para que nada de lo que se hace parezca ya trazado, ya visto. Que suponga una mirada fresca sobre la actividad que se va a plantear. Que signifique un nuevo punto de situación para abordar un tema que puede resultar conocido, pero no consumido.

Pienso que la primera batalla a ganar por parte del profesor es la de la lucha consigo mismo. La necesidad de revisar sus puntos de vista para poder garantizar en la medida de lo posible su neutralidad, su serenidad para esperar resultados, para contemplar el crecimiento de sus alumnos a medida que se recorre el camino previsto.

He considerado algunos aspectos básicos de mi formación y no puedo dejar de reconocer ciertas fuentes de inspiración que han significado para mí un sistema de referencia que creo que han ido variando mi inicial armadura y han favorecido una forma de entender la metodología de la expresión corporal.

Así, como primer eslabón natural considero que la huella dejada por la profesora Ana Pelegrín en el I.N.E.F. de Madrid durante los años en que nos enseñó expresión con su peculiar forma de hacer, ya fue un poso importante que recogía, por entonces de manera inconsciente, toda una manera de entender las relaciones profesor-alumnos basada en la espera y en el crecimiento personal.

Nadie como ella puso de manifiesto una confianza tan diáfana en la fuerza creadora del alumno, así como en alentar con las palabras justas (muy justas) hacia una comprensión de la dimensión o el valor de la materia impartida. Y desde ahí, la esperanza (que es espera) en el despertar progresivo ante los sucesos, los matices, los hallazgos de la clase, tomados como una aventura grupal de descubrimiento.

Seguramente su influencia en mí va más allá de lo que yo mismo puedo ahora ser capaz de medir. Y ello me hace reflexionar sobre la fuerza que puede tener la figura del profesor, del maestro, cuando con la convicción del trabajo que se lleva a delante, con la energía que se desborda en la pasión de lo que se siente con sinceridad, va poniendo de una forma casi inaudible, una melodía en nuestro modo de enfrentar las situaciones educativas.

Recuerdo que entonces sentía la necesidad de una estructura metodológica, de un marco aclaratorio, de unos límites que me permitieran ver de una forma ordenada todo lo que había que aprender y todo lo que había que enseñar. Ahora esa misma aspiración la noto en mis alumnos de magisterio. Una necesidad de que se les explique todo el contenido, se ordene perfectamente, y a modo de transmisión directa, pueda ser llevado al aula sin riesgo alguno.

Naturalmente el tiempo me ha enseñado a apreciar cada año como diferente, cada grupo diverso, y cada día como distinto. Sólo así se puede mantener la extraña seducción de lo que pueda suceder de puertas para adentro en el aula, o en el laboratorio, como me gusta definirlo a veces, cuando quiero resaltar a mis alumnos el espíritu de las experiencias a compartir.

En cuanto a las fuentes bibliográficas, siempre me pareció un libro muy singular el escrito por Ivonne Berge (1979). Fue uno de esos libros leídos con fruición casi juvenil, en el que se van advirtiendo elementos muy coincidentes con la forma de pensar propia (que muchas veces no es sino la fraguada a partir de las experiencias como alumnos).

Y porque ahora me parece importante hacerle acreedor de muchas propuestas metodológicas acertadas, es por lo que me voy a recoger algunas citas para mí muy significativas:

" El maestro no está para dirigir sino para orientar"

" Dirigir un grupo de expresión corporal exige sólidos conocimientos psicológicos, oficio y gran sensibilidad ".

" Por eso, la expresión corporal sólo adquiere valor si el profesor no se interfiere en ella, ni perturba la espontaneidad de las improvisaciones, a fin de no falsear la trayectoria del que se está expresando, ya que si percibe que se espera algo de él, sus gestos serán desnaturalizados ".

" Habrá de impedir que los descubrimientos del alumno le impulsen a una dispersión excesiva, deberá favorecer su capacidad de concentración, respetar sus ensayos sin forma ayudándole a extraer de ellos lo esencial, estimularle a observar a los demás, no con mirada crítica, sino para aprender a conocerse mejor a través de ellos ".

" La expresión corporal sin exigencias equivale a una libertad sin responsabilidades ".

Y desde estos puntos de arranque, varias pueden ser las pautas que marcan mi manera de entender la metodología de la clase de expresión.

La primera es la permanente reflexión sobre el trabajo, por parte del profesor. Una fórmula que permite relacionar situaciones y encadenar hechos que pueden ser valiosos de experimentar. Pongamos un ejemplo: durante el desarrollo de una sesión las tareas propuestas al grupo dan pie a darse cuenta de que surgen algunas ideas muy creativas. Como no es momento de destacarlas en la misma sesión, son inmediatamente anotadas como punto de retorno. En próximas clases será interesante dar pie a que esas ideas vuelvan a surgir y con ello , por un lado, dar el verdadero sentido a los sucesos de la clase que van marcando en gran medida el desarrollo de la programación, y por otro lado, subrayar la validez de las respuestas dadas por el grupo.

La segunda es compartir siempre el trayecto realizado hasta el momento (dentro del proyecto de trabajo general) con los alumnos de modo que al final de cada sesión todos podamos tener una idea del esfuerzo realizado y de los resultados obtenidos. Desde el principio de nuestro trabajo convenimos con el grupo que debemos educar nuestra mirada no sólo en lo bien o mal que nos parece lo que se hace, sino en qué medida el trabajo realizado utiliza recursos que vamos conociendo, de cosas que aprendemos, y cómo la producción individual o de grupo va incorporando nuevas posibilidades de expresión, de comunicación y de aportaciones creativas. Desde esta situación los alumnos van aprendiendo a mirar más allá de lo evidente o superficial. Es necesario que se esfuercen en rescatar elementos internos de lo que ven que se hace, y en consecuencia a mirar con ojos entendidos, a atender al trabajo realizado por los compañeros como una parte más del proyecto común. No debemos olvidar que la mentalidad de laboratorio ayuda a comprender mejor cómo entre todos podemos ir encontrando las claves de nuestro trabajo.

En ese compartir nos pasa muchas veces que el esfuerzo realizado se ve recompensado por el aplauso sincero de todo el grupo.

La tercera es ir consiguiendo un clima que facilite la creación, que ayude a la desinhibición progresiva y que permita ser como se es, sin que haya que estar demasiado preocupado del qué dirán. No debemos olvidar que el porcentaje de libre creación que se da en nuestras clases es muy alto. Por eso algunas veces, se ha confundido esto con la falta de método o de programa. Yo creo que no hay que interpretarlo de ese modo. Por supuesto que durante nuestras clases hay un alto grado de improvisación creativa por parte de los alumnos y casi nunca tiempo para rematar producciones. Diríamos que vamos picoteando un poco por cada contenido, sin llegar a profundizar en ninguno. Sin embargo en la suma de todas las propuestas y los resultados de las búsquedas de nuestros alumnos sí debe quedar un camino trazado de acuerdo a un esquema previo. De modo que ya sea en cualquiera de los bloques de contenido en que estemos (lenguaje corporal, dramatización o ritmo y danza), las trayectorias trazadas nos deben dar un sentido de orientación dentro del territorio abordado. Es decir, un orden, una secuencia, unos porqués de hacer tal cosa o tal otra…un sentido de progresión o de jerarquía.

La cuarta es la forma de organización: individual, por grupos o de gran grupo.

Ponemos en marcha todas las formas, dependiendo de la dirección que queramos tomar en cada momento. Así, por ejemplo, será importante hacer tareas de conciencia o de control corporal de forma individual, ya que es fundamental que cada uno de nuestros alumnos dedique un tiempo suficiente a vivenciar determinadas sensaciones o situaciones. Pero en otro caso será más interesante que un grupo de 4 ó 6 personas investigue en un determinado tema. Y entre todos, a fuerza de llegar a acuerdos y seleccionar propuestas, ensayar modos y depurar acciones, dé lugar a una producción (composición o montaje) que pueda ser "mirada" por el resto del grupo. O, por último puede resultar importante hacer una tarea de gran grupo donde todos bailan la misma danza, por ejemplo, con intención de coordinar una coreografía.

La quinta es la fórmula de muestrario, que consiste en dar un tiempo determinado al trabajo de los grupos o individuos para que preparen su composición, de modo que luego se puedan ver una a una todas las propuestas. Este método tiene importantes ventajas. Probablemente la más interesante es que se enriquecen las posibilidades al ver diferentes interpretaciones de una misma propuesta. Pero además nos permite rescatar de cada trabajo algo positivo y ponerlo en conocimiento de todos. Nos permite hacer moviola y volver atrás pidiéndole a una persona o grupo que repita con tal o cual variación para dejar más clara una intención determinada ( y seguimos en el laboratorio). Por ejemplo, en dramatización imaginemos que un grupo ha interpretado una historia haciendo una composición de movimiento con ayuda de la voz (sonidos, gritos, onomatopeyas). Pensemos que nos interesa resaltar la importancia que puede tener la interrelación de los elementos que conforman la estructura. Y le pedimos al grupo que repita la representación, pero exagerando tal o cual gesto o sonido. Así, la exageración, el cambio de ritmo, el uso de otros planos, de otras calidades de movimiento, etc, pueden mostrar con mayor claridad las posibilidades de expresión que ofrece el cuerpo.

La sexta es el uso habitual del foro de debate o parte final de comentario donde se percibe un progresivo involucramiento de los alumnos con los temas y los sucesos de la clase. Y este recurso es fundamental no hacerlo desaparecer aún cuando al principio pueda ser un conjunto vacío, porque un buen día ese grupo que no decía nada, que nada opinaba, empieza a hacer declaraciones, a plantear preguntas, a entender de qué va el tema y por tanto es lógico dar un tiempo a que los alumnos se vayan sintiendo cómodos con la actividad que en muchos casos puede ser muy desconocida para muchos.

La séptima y última destaca el valor del trabajo teórico como reflexión sobre la práctica. En nuestro nivel educativo solicitamos del alumno un estudio de cierta bibliografía relevante y lo que llamamos el Cuaderno del Cuerpo: una visión lo más personal posible de la presencia del cuerpo en las imágenes de comunicación escrita (periódicos, revistas, …), desde un tratamiento estético de la imagen (puede relacionarse con la poesía, con la música, con las letras de canciones, con el deporte, con la danza, con la publicidad, con los gestos faciales, etc) y con un texto escrito por ellos que ponga de relieve el valor social de la comunicación corporal. Suele ser un trabajo que, solicitado al poco de conocernos, pone a todos los alumnos en la situación de buscar imágenes que se relacionen con su forma de ser y de analizar la realidad.

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4.- CONCLUSIÓN

Nos parece necesario que cada profesor en el uso de las facultades que le permite la aplicación de sus cualidades propias, sus intereses y su disponibilidad para el trabajo, vaya materializando con el tiempo su personal método de trabajo para la práctica de la expresión corporal.

No olvidemos que cada situación, cada centro, los alumnos, los medios, etc dan lugar a una especificidad que es bueno conocer y tratar en sí misma. Por ello, cada profesor-investigador debe ir seleccionando aquellas formas de trabajo que le permiten ser más certero en el logro de los objetivos del proceso de enseñanza/aprendizaje previstos.

Estas ideas propias no son sino una pequeña aportación a las grandes posibilidades de maniobra que permite el apasionante trabajo de la expresión corporal.

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5.- REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Aunque no tiene publicada ninguna obra sobre expresión corporal, la bibliografía relacionada con la literatura infantil, la poesía, la investigación del folclore popular y de las raíces de la oralidad infantil, suponen un abundante fondo de recursos para el trabajo de la expresividad.

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* Galo Sánchez es miembro activo de la asociación nacional A.F.Y.E.C. (Actividad Física y Expresión Corpral)

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